Buenos Aires
Curada de espanto
Pocetti /
Curaduría
Texto de Carlos Gutiérrez
Ago. 13, 2026 — Nov. 8, 2026
Acerca de la exhibición
Los elementos que componen su imaginario se conjugan y manifiestan como un thriller incesante que sostiene la tensión y no apresura un desenlace. Sus pinturas no ocultan la condición de artificio, el tipo de factura, suave y precisa, y la saturación cromática les permite moverse con aplomo describiendo situaciones que parecieran ser extraídas de un contexto más amplio.
Pocetti trabaja codificando ideas, intuiciones y pensamientos, valiéndose de recursos clásicos
sin desatender los cruces actuales. Los elementos que componen su imaginario se conjugan y
manifiestan como un thriller incesante que sostiene la tensión y no apresura un desenlace. Sus
pinturas no ocultan la condición de artificio, el tipo de factura, suave y precisa, y la saturación
cromática les permite moverse con aplomo describiendo situaciones que parecieran ser extraídas
de un contexto más amplio. Hay paisajes sin coordenadas, dobles inquietantes, ventanas y
liturgias. Cada imagen es un desliz del régimen de visión, están sumamente cerca de lo real pero
se amparan en sí mismas para proliferar, reorganizando constantemente su propio repertorio
hasta volverlo irreconocible y misterioso. Son vibraciones que entran y salen de la realidad
generando umbrales inclasificables.
Esta exhibición se abre a la multiplicidad de aristas que atraviesan el trabajo de la artista para
dar cuenta de una hipótesis que tiene por centro a la pintura y su capacidad de arrojar visiones
para interpelar la realidad. ¡Curada de espanto! genera contrapuntos entre obras de diferentes
momentos de producción, permitiendo trazar diferentes recorridos mediante la aparición y el
ocultamiento de las pinturas, que se mueven por la sala esquivando perspectivas unificadoras y
cualquier posibilidad de una visión inmediata.
La paradoja que recorre la obra de Pocetti consiste en que sus pinturas parecen disponerse como
escenas, oponiendo cierta resistencia a la pulsión de convertirse en relato, a la vez que se
extienden generando un código propio. Todo pareciera anunciar que algo ha ocurrido o está por
ocurrir, pero la pintura desplaza esa expectativa hacia otra experiencia: la de una imagen que
permanece abierta, suspendida sobre su propia aparición. Quizá sea allí donde radica la
singularidad de su práctica; en la posibilidad de producir un leve desajuste sobre el mundo que
habitamos cotidianamente, alterando por un instante la forma en que es percibido.